DDE II. CAPÍTULO 5
Mientras tanto, en el Instituto, el doctor Wells regresa a su laboratorio. Allí, de pie frente a una repisa, lo espera Adam, mirando un objeto en sus manos, ausente. El doctor comienza a preparar aparatos e instrumentos, mientras Adam se sienta en la camilla.
Antes de empezar le pide a Wells que, si Otto no volviese al Instituto, le dé a Erin el objeto que le tiende, que es el relicario de oro de su padre. Wells, consternado y triste, decide contarle que Erin y los gemelos acaban de partir, que están en peligro, perseguidos por los enemigos, y que tuvieron que partir al encuentro con Anthea para proteger el Instituto. Adam intuye que a él también lo perseguirán y lo mejor es terminar con esto cuanto antes.
Wells reafirma esto y comienza a preparar una aguja con un sedante para dormirlo. Mientras Adam espera mira el relicario, preocupado.
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Por su parte, en el auto, Erin, Leo y Luz van en silencio, preocupados y alertas. Leo esquiva un embotellamiento y sale por la autopista principal para salir de la ciudad.
Mientras van por el boulevard Leo ve una camioneta que va detrás y advierte que podría ser la de sus perseguidores. Les pide que se sostengan bien y a Erin le pide un campo de fuerza alrededor del coche. Ella lo hace y siguen avanzando con rapidez. Pero entonces el camión se cuela entre los autos y los alcanza.
En el lugar del piloto Erin observa a un hombre extraño, de piel grisácea y rostro deforme, con afilados dientes y ojos rojos. Éste la mira con una sonrisa macabra y choca el camión contra el auto, pero el campo de fuerza de Erin lo protege.
Ante este ataque Leo pisa el acelerador y comienzan a huir del camión. Al llegar a la caseta giran a la derecha y se adentran a una autopista poco transitada. Continúan siendo perseguidos por un alto camino mientras tratan de adentrarse al bosque. El camión sigue dándoles golpes sin éxito alguno, pero con cada golpe las fuerzas de Erin se debilitan.
Al frente hay una desviación que se interna al bosque, así que Leo intenta dar vuelta, pero el camión se lanza contra ellos, haciendo un impacto lo suficientemente fuerte para moverlos. Ante este choque Erin se lastima el cuello y deja caer el campo de fuerza.
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Anthea está en el helicóptero, camino a la base. Al llegar allí se reúne con su grupo de apoyo donde se encuentran Diane, Goti y Stan. Diane explica lo que pasó en la isla y le habla sobre los papeles que logró hurtar. Luego va a ver a Stan y Goti, que está siendo suturado por la bala que recibió en el oído. A pesar de su preocupación, Anthea se muestra fría con él, lo que decepciona a Goti.
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El coche es empujado unos metros dentro de la zona boscosa, pero cuando Leo trata de volver a arrancar el coche resulta haberse atascado en el lodo.
Inmovilizados, toman cada uno sus armas y salen del auto, apuntándole al camión que se detuvo frente a ellos. Erin también baja con un arma después de recuperarse del golpe. Entonces el extraño hombre baja, los mira, allí quietos, se da la vuelta y camina hacia la parte trasera del camión. Leo le dispara un par de veces pero aparentemente no le duelen las heridas. Es como una especie de zombie.
Unos segundos después de desaparecer tras el vehículo aparecen seis canes monstruosos que impresionan a Luz y Leo, pero Erin los reconoce: son iguales a los que la atacaron hace tiempo, estando con Miles.
—No servirán las armas —dice ella, al observar a los monstruos avanzar.
—Entonces, ¿qué sugieres? —pregunta Luz, asustada.
—... Escapar.
Y tras unos segundos los canes se arrojan hacia ellos y los tres salen corriendo en dirección opuesta.
Luz y Leo tratan de ocultarse entre los árboles, pero no pueden ir más rápido que los canes. Disparan a lo que pueden, ganando distancia de los tres monstruos que los persiguen. Uno alcanza a Luz y le atrapa el brazo con sus garras. Al verla en apuros, Leo toma valor y le da un golpe a dos de los canes con una gruesa rama. Luego alcanza al tercero y logra liberar a Luz. Ella está sangrando y Leo se preocupa. Logran correr de vuelta al auto y Leo encierra a Luz en éste. Los tres monstruos los alcanzan y Leo trata de enfrentarse a ellos, pero no puede con todos y se dedica a esquivarlos para ganar tiempo.
Mientras tanto, Erin lucha con los otros tres monstruos, con mucha más destreza y fuerza. También, con una gran rama y la ayuda de sus habilidades, logra enfrentarse a ellos y protegerse. Sin embargo, puede ver de lejos a los gemelos que se escudan en el coche.
Erin tiene una idea.
Esquivando lo mejor que puede a los canes, corre hacia el camión. Al estar cerca, el hombre zombie aparece y le apunta con un arma, pero Erin logra tirarle el arma con sus poderes, y al alcanzarlo le propina un golpe en la cabeza y luego un balazo en la sien.
Continúa corriendo para rodear el auto, pero cuatro canes la interceptan. Ella logra esquivarlos con golpes y corre hasta la puerta del copiloto. Sube y abre la puerta con apuro, pero entonces uno de los canes la alcanza y le incrusta los dientes en la pierna. Ella logra zafarse, pero su pierna queda muy mal. Jodida, cierra la puerta y se sienta frente al volante. Arranca el camión como puede.
Al ver a Leo en problemas crea un campo de fuerza al rededor de él, evitando que lo maten. Luz y Leo finalmente caen en su presencia.
Erin logra mover el camión y lo lanza hacia el auto, donde ahora están todos los canes. Les grita a los gemelos que salgan de allí y estos salen corriendo. Erin impacta contra el coche, destruyéndolo y aplastando varios canes, pero en el impacto le falla el control del vehículo y éste se vuelca, chocando contra un árbol. Como ya no hay parachoques, Erin sale disparada hacia el frente. Logra cubrirse con su campo de energía, pero el impacto la lastima.
El choque es aparatoso, y a pesar de que no alcanza a Erin, se crea una montaña de escombros que la separan de los gemelos, que la pierden de vista.
Ella trata de incorporarse, pero el terrible dolor de su pierna se lo impide. Entonces se arrincona contra un árbol y ve cómo cuatro canes aún vivos la rodean. Ella alcanza un pedazo de metal con su poder y trata de defenderse lo mejor que puede.
Leo y Luz regresan al lugar y al no encontrar a Erin piensan que fue aplastada, pero entonces es cuando los cuatro canes se levantan y ven cómo rodean los escombros. Ellos pretenden ir a ayudarla, pero el auto de pronto se incendia. Ven la escena, aterrados, y antes de que puedan reaccionar escuchan un estruendo a sus espaldas.
Al girarse contemplan impactados cómo aparece un enorme can, mucho más monstruoso y antropomorfo que los otros. El monstruo de piel negra y viscosa corre hacia ellos y estos le disparan sin pensarlo, pero la bestia los intimida de sobremanera con un rugido. Al quitárselos de en medio, la bestia corre y salta entre las llamas.
Por su lado, Erin trata de defenderse, pero uno de los canes le da alcance y muerde su brazo derecho. Erin grita de dolor y golpea al can, tratando de incrustar la barra de metal en su cabeza, sin éxito.
Finalmente logra que la suelte, pero inmediatamente después otro can le suelta un zarpazo con sus afiladas garras en la cara, dejando unos profundos rasguños en la mejilla y en la sien derecha. Exhausta, Erin cae al suelo y lo único que logra hacer es crear un débil halo de fuerza a su alrededor, pero las bestias no se alejan. Comienza a perder todas sus fuerzas, pero entonces ve aparecer entre las llamas un monstruo considerablemente más grande que los otros. Con brutalidad y considerable facilidad mata a cada uno de los canes y al final ruge, intimidante.
Entonces aparecen Luz y Leo, que han rodeado las llamas, y al ver al monstruo acercarse a Erin gritan para distraer su atención. El monstruo los mira con furia y está dispuesto a lanzarse contra ellos, pero Erin, convaleciente, toca su piel áspera y lo llama Adam con voz débil. Acto seguido, y después de recuperar la atención de él, cae desmayada. Los gemelos quedan impactados y se acercan lentamente a la bestia de piel negra.
—... ¿Adam? —lo llama Leo.
Éste los mira fijamente, haciendo que de alguna forma se den cuenta que es él.
Luego del impacto los gemelos suben a su espalda con Erin en brazos y parten hacia el punto de encuentro con Anthea, que está a pocos kilómetros hacia el interior del bosque.
El punto de encuentro, que es una vieja base abandonada, es donde Anthea y su grupo de salvaguardias ya se encuentran. Entonces, ante los ojos atónitos de todos —Goti, Stan y Diane incluidos—, aparece por el bosque Adam, aún en su forma mutante. El grupo retrocede y los soldados le apuntan, pero Luz baja de la espalda del monstruo y les pide que no disparen. Entonces baja Leo con Erin en brazos y la lleva al interior de la base. Luz le dice a Anthea que el monstruo es Adam. Todos lo miran, impresionados.
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La escena salta hasta una habitación pulcra con cortinas blancas alrededor de una vieja cama de sábanas blancas. Allí duerme Erin, con una bata blanca, un yeso en la pierna y un vendaje en el brazo. Ella despierta de un momento a otro y mira a su alrededor, llamando a alguien.
No puede levantarse por el dolor en la pierna. De pronto aparece Luz tras su llamado y, tras recobrar la noción de las cosas, le pide que la lleve con Adam. Luz la saca de allí en silla de ruedas y se encuentran con Anthea, que les informa que Adam aún está en su forma mutante, pero Erin insiste en que la deje verlo. Al final Anthea es la que la lleva a una habitación muy amplia y bien cerrada, donde está Adam.
Al principio a Adam le cuesta reconocer a Erin y calmar sus instintos. Incluso está a punto de atacarlas, pero antes de que Anthea la saque de allí Erin lo toca y finalmente logra calmarlo y después ayudarlo a volver a su forma humana, pero resulta un proceso sumamente doloroso y al final no logra revertir ciertas facciones. Sus garras, sus colmillos, sus ojos se mantienen prácticamente blancos y su piel se vuelve cada vez más pálida y malsana.
Anthea sale para conseguirle ropa y entonces Erin manifiesta su felicidad por que haya vuelto. Pero Adam, por su parte, está molesto con ella por haber estado a punto de morir. Finalmente terminan discutiendo porque Erin sigue insistiendo en que no comprende sus razones para marcharse así y Adam en que ella tiene que aprender a valerse por sí misma porque tarde o temprano tendrá que quedarse sola.
En medio de esa discusión, justo cuando Adam le va a confesar en dónde se supone que él debería estar ahora, se calla abruptamente. Erin le insiste, pero entonces llega Anthea con ropa limpia. Él se viste rápidamente y luego Anthea lo lleva a una habitación. Erin se queda en la puerta, mirándolos, confundida.
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