DDE I. CAPÍTULO 10
Travis baja el arma y le sonríe a Erin. Ella, sorprendida, le devuelve una media sonrisa. Se saludan guardando su distancia, mientras la otra chica los escucha. Ésta se presenta como Leslie, la compañera de Travis.
Al hablar un poco Erin le informa a Travis que Otto está desaparecido, pero ella no sabe que esto ya lo saben ellos y se encuentran allí también para buscarlo. Travis le muestra una lista de nombres de sospechosos que podrían estar detrás de ella. Erin la toma y la lee rápidamente. Aunque aún no confía del todo en Travis se atreve a decirle que pronto sabrá de más gente como ella y que Washington será un punto clave. Ella no le dice nada más, pensando que no ha soltado nada sustancial.
Leslie se opone a que la dejen ir, pero Travis no la detiene. Erin se despide de él al bajar del tren, pero antes éste le entrega una lista de nombres y fotos de los compañeros que murieron en el Sector 6. Erin siente un nudo en la garganta al tomar las hojas y le da las gracias, abrazándolo. Se quedan así unos segundos hasta que Erin se aleja finalmente, asegurándole que se volverán a ver por ahí.
Él le desea suerte y Erin se despide llamándolo Miles.
—¿Cómo...? —alcanza a decir, pero Erin se aleja rápidamente.
Él se queda de pie, observándola marcharse. Entonces Leslie se acerca, llamándolo Miles. Le reprocha por haberla dejado ir, diciéndole que era de suma importancia para encontrar a Otto y a "Damon". Luego le advierte que si ellos no llegan con Damon antes que Otto las cosas se pondrán muy mal. Miles le pide que se calme y cuando ella, enojada, le pregunta por qué está tan seguro de dejar ir a Erin, éste le dice que a ellos les conviene más que ella esté libre y que actúe por su propia cuenta.
—Ella piensa que no hemos sabido nada de Adam ni de ella en todo este tiempo, ni que sabemos sobre la ubicación del Instituto.
Miles sabe dónde ha estado ella, la ubicación del Instituto y que Adam está vivo, pero prefiere hacerle creer que no sabe nada, pues coopera más así que capturándola.
Aún no se sabe con exactitud a qué se están dedicando Miles y Leslie, pero se nota que van tras la pista de Otto Wallace.
~▪️~
Erin se dirige hacia la gerencia para buscar sus pertenencias, su maleta y la de Adam.
~▪️~
En el bosque, a las afueras de la estación del tren, Adam se aleja, mientras trata descarnadamente de volver a la normalidad, pero la mutación ahora es muy dolorosa y muy difícil de revertir. Él se retuerce y gruñe con fuerza, aferrándose a su cordura para no perder la consciencia. Lucha con todas sus fuerzas hasta que, poco a poco, logra recuperar su forma humana.
Erin vuelve al bosque y al no encontrar a Adam lo busca por los alrededores, encontrándolo finalmente en el suelo, gritando de dolor. Erin se acerca a él y trata de calmarlo. Adam la toma de las manos y le pide con desesperación que lo toque. Ella, asustada, coloca sus manos sobre su pecho y abdomen, tratando de calmarlo. Poco a poco los dolores se van reduciendo y Adam recupera la calma paulatinamente. Exhausto, se aferra a las manos de Erin, pidiéndole que se quede un poco más. Erin, sin soltarlo, limpia el sudor de su frente y acaricia su cabello maternalmente.
A Erin realmente le duele verlo sufrir. Cuando él empieza a sentirse mejor abre los ojos y se encuentra con los de Erin. Ambos se miran en silencio y ella vuelve a sentir un extraño dolor en el estómago. Suelta un suspiro ahogado como por inercia. Sus ojos verdes la hipnotizan, pero decide retirar la mirada lo más pronto posible. Ella deduce que su mutación está empeorando y que ahora le es más difícil regresar a la normalidad. Adam le responde con su propia observación: por alguna razón ella funciona como un anestésico para él. Ella, abochornada, aleja con cautela las manos de su cuerpo y finalmente se levanta. Va hacia las maletas que recuperó y le lanza sin cuidado la suya, golpeándolo levemente.
Mientras él se viste Erin mira en dirección contraria y le pregunta desde cuándo sucedió eso, recordando que hace dos meses, antes de llegar con Otto, él tenía mayor control de su mutación. Adam le explica que su mutación se ha ido complicando con el tiempo, desarrollándose igual que la suya, sólo que, mientras a ella la hacía más fuerte y poderosa, a él lo deterioraba y lo debilitaba, como si hiciese el efecto contrario al suyo. Aunque Erin no puede explicarse esto, Adam sabe que es una especie de equilibrio natural.
Cuando ya está vestido con unos jeans oscuros y una camisa negra, encara a Erin y le dice que él es como su alter ego, todo lo contrario a ella, como si todo lo que le hubieran quitado a él se lo hubiesen dado a ella.
Erin se niega a creer esto, diciéndole que ella no es la culpable de su situación.
Adam no la culpa, pero sabe que es verdad.
Erin le dice que ella también está sufriendo y que tiene muchísimo miedo, pero que se niega a rendirse.
Adam contesta que no es decisión suya lo que vaya a pasar o cuánto tiempo les quede. Aunque quiera luchar, a algunos simplemente les toca resignarse.
Erin le dice que ellos aún pueden luchar, a lo que Adam contesta:
—Sí, el tiempo que nos quede.
Erin no parece convencida de esta idea, pero Adam, evasivo, le pregunta por Otto. Ella le dice que no pudo encontrar nada, pero que lo mejor es que tomen el siguiente tren a Washington para reunirse con las personas que los están esperando. Aunque los esperan a la mañana siguiente, si toman el próximo tren todavía podrían llegar por la tarde.
Erin también se cambia, poniéndose ropa limpia, y echándose las mochilas al hombro bajan a la estación de trenes.
Allí se mezclan con la gente y Adam trama un plan rápido: mientras caminan entre la muchedumbre éste hurta con rapidez la cartera de una mujer que no se entera del atraco. Ambos se alejan discretamente y revisan la cartera. Tiene suficiente dinero para pagar boletos de los más económicos, así que sin perder más tiempo compran los boletos y se dirigen al tren más próximo a salir hacia Washington. Cuando suben a éste, Erin cruza miradas a lo lejos con Leslie.
Se acomodan en los asientos del área de segunda, y mientras Adam va al baño Erin saca el dije de oro y lo examina. Al abrir el relicario contempla un retrato de un pequeño de ojos verdes en los brazos de un hombre serio y bien parecido que se aferra al niño con afecto. No es difícil adivinar que son Adam y su padre. Erin se pregunta en qué momento Otto recogió el relicario del cuarto de Adam la noche antes de partir.
Cuando Adam regresa esconde el collar entre sus manos. Después de que él se sienta junto a ella Erin toma valor y le pregunta si la actitud que tuvo con Otto fue a causa de los problemas que ha tenido con la mutación. Luego le insinúa que la actitud que ha tomado en general sea porque, en realidad, tiene miedo. Adam baja la cabeza, ocultando su rostro de ella, con lo que se da cuenta que le da la razón. Ella en realidad no sabe en qué condiciones se encuentra, pero le promete que se va a mejorar.
—Nunca he sido una persona iluminada... Es como si toda la vida hubiese estado en la oscuridad. Siempre ha sido más fácil estar entre sombras. Siempre he creído tener la verdad de todo... No soy de los que guardan ilusiones optimistas —suelta con tono melancólico.
Erin se queda callada unos minutos.
—No es verdad... —dice por fin, mirando por la ventana—. Lo que dijo Otto no es verdad. No debías morir en el incendio. No fue casualidad que sobrevivieras ni que me encontraras, ni que hubiésemos logrado escapar. No estás aquí, vivo, por casualidad. Estás porque eres capaz, porque tienes la fuerza para estar aquí... Y tal vez esa fuerza es la que me haya salvado también a mí.
Adam simplemente vuelve a desviar la mirada hacia el otro lado con el ceño fruncido. Erin baja la cabeza, pero entonces siente la mano de Adam acercarse a la suya, posándose con indecisión sobre ésta y entrelazando sus dedos con titubeo. Erin le pide perdón por lo que dijo sobre su padre y sobre su situación, arrepintiéndose enormemente por juzgarlo tan vagamente, diciéndole que sólo lo dijo porque estaba enojada.
—Lo sé, eres como una adolescente con hormonas desatadas —se burla él, pero sin mirarla aún y sin soltar su mano.
—Adam... La verdad es que no quiero que rompas tu promesa... Yo prometo no romper la mía —suelta finalmente, reteniendo las lágrimas.
Extiende la otra mano para entregarle la cadena de oro. Adam, sorprendido, la suelta para tomar la cadena. Ladea una sonrisa y le informa que no pensaba romperla, ni aunque ella se lo pidiera. Erin sonríe, complacida, sintiéndose por fin más aliviada.
Pocos minutos después, luego de que él guardara la cadena, Erin pregunta si puede hacerle una pregunta. Adam, ahora más relajado, con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el respaldo le dice distraídamente que sí.
—¿Estás enamorado de Natalie? —suelta ella.
Él abre un solo ojo para verla y le dice que no.
—Ah... Es que... ¿Entonces por qué lo hacías con ella?
Adam, entre sorprendido y divertido, contesta:
—¿Tú... crees que la gente tiene sexo sólo cuando está enamorada?
Erin, abochornada, desvía la mirada y responde un nada convincente no. Adam se ríe de ella.
—En serio que eres apenas una niña —le dice.
Ella, enfurruñada, se gira hacia él.
—Yo no tengo la culpa. Recuerda que perdí la memoria —le reclama.
Cuando él le pregunta qué tiene que ver eso, ella le dice que no recuerda si alguna vez tuvo sexo con alguien ni mucho menos cómo fue.
Adam le propone recordarlo con alguien con quien haya tenido alguna relación sentimental, así como recordó las artes marciales al practicarlas de nuevo. Pero Erin no sabe con quién haya podido haber estado antes, ni siquiera si es virgen o no.
—Por lo que a mí respecta incluso podría ser lesbiana —suelta ella.
Adam la mira extrañado y dubitativo. Ella se encoge de hombros.
—¿De verdad lo crees? —pregunta él.
—Tendría que probar para saber, ¿no? —responde ella.
Adam sólo se ríe y vuelve a cerrar los ojos, apoyando la cabeza en el respaldo. Luego le dice que está loca por pensar en su sexualidad cuando se encuentran en una situación tan crítica como la suya. Ella se encoge de hombros y mira por la ventana el atardecer.
—Sólo trato de seguirme sintiendo humana y normal —suspira.
—No lo somos —alega él, pensativo, mirándola con aire sereno y casi fraternal—. Realmente eres una niña —la acusa con seriedad.
Ella tuerce la boca.
—Di lo que quieras. Algún día entenderé por qué la gente tiene sexo sin amor.
Adam se encoge de hombros y vuelve a cerrar los ojos, esta vez colocando sus manos tras su cabeza.
—Si tú lo dices. Tú eres la optimista aquí —suelta.
—Si fuera tan optimista pensaría más bien en descubrir por qué hay gente que sigue teniendo sexo por amor —dice distraída, mirando por la ventana.
—Eso sería ser cursi —se burla Adam.
Erin simplemente le da la razón, mirando el atardecer.
Adam finalmente le pregunta intrigado si realmente cree que pueda ser lesbiana. Ella se encoge de hombros.
—Te lo diré cuando me enamore de una mujer —alega.
Ambos se quedan en silencio, pensativos. Erin sabe que ni siquiera entiende cómo es eso de sentirse enamorada. Y esa es su verdadera inquietud: teme no saber cómo es estar enamorada cuando lo esté.
Sin embargo, al oír a Adam decir que el sexo no significa estar enamorado, comprende con alivio que cuando lo vio con Natalie lo que sintió fue una alteración erótica, y que no estaba enamorada ni de Adam ni de Natalie. Simplemente fue algo extraño para ella, y tal vez sintió celos por lo que pudieran haber estado disfrutando ellos. O al menos esto es lo que pasa por su ingenua mente, en su monumental intento por comprender las emociones y sentimientos de un cuerpo tan propio como extraño a la vez.
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